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La aldea de Grimheim, con sus frías y nevadas calles, se encuentra en un estado de alerta. A medida que las sombras de la tarde se alargan, el murmullo de los aldeanos se convierte en un eco de preocupación. La amenaza de la avalancha de monstruos es inminente, y los ancianos, con Sindra a la cabeza, han convocado a una reunión urgente en la plaza central.
Sindra, con su cabello plateado y ojos que brillan con sabiduría, observa a los jóvenes reunidos a su alrededor. Mientras les ofrece galletas recién horneadas, su mente viaja a tiempos pasados, a momentos que preferiría olvidar. Las historias que alguna vez contaba con alegría ahora la llenan de un profundo pesar, pues sabe que el pasado tiene una forma peculiar de resurgir cuando menos lo esperas.
Finkel, el joven elfo, está inquieto. Su energía es palpable, casi eléctrica, y sus manos tiemblan con la necesidad de liberar su magia. Sin embargo, la imprudencia de su juventud lo ha llevado a situaciones peligrosas en el pasado, y ahora, con la aldea bajo amenaza, su falta de autocontrol es un riesgo que Sindra no puede ignorar. Aun así, la anciana siente que es hora de que Finkel enfrente su verdadero potencial.
—Finkel —comienza Sindra, su voz suave pero firme—, entiendo que te sientas frustrado. El frío de Grimheim no es como el calor de Wintherskog, pero aquí es donde necesitas aprender a controlar tus poderes. No podemos permitir que la desesperación nuble tu juicio.
El elfo la mira, su expresión una mezcla de desafío e incertidumbre. La presión de la situación lo empuja a actuar, pero el miedo a no ser capaz de controlar su magia lo paraliza.
—¿Qué podemos hacer? —pregunta, su voz temblorosa—. Los monstruos están viniendo, y no puedo quedarme de brazos cruzados.
Sindra se acerca a él, poniendo una mano reconfortante sobre su hombro.
—Debemos unir nuestras fuerzas. Tu magia puede ser la clave para proteger a la aldea, pero necesitas aprender a canalizarla. Juntos, podemos enfrentar lo que se avecina, pero solo si trabajamos como un equipo.
Los ojos de Finkel brillan con determinación mientras asiente, comprendiendo que su destino está entrelazado con el de Grimheim. La anciana, con su sabiduría y calidez, se convierte en su guía, y él, a su vez, se convierte en el fuego que podría salvar a la aldea o consumirla en el proceso. Juntos, deberán enfrentarse a los demonios del pasado de Sindra y a las criaturas que amenazan su hogar, descubriendo que la verdadera magia reside en la unidad y la comprensión.
SINDRA Y FINKEL
Ficha técnica