- -5%
Stella se sentía fuera de lugar en la mansión, un lugar donde la luz parecía brillar de manera diferente, y el aire estaba impregnado de una mezcla de misterio y seducción. Los hombres que la rodeaban eran de una belleza casi irreal, con rasgos perfectamente esculpidos y una presencia que intimidaba y atraía a partes iguales. Rosen
Cada mañana, al despertar, podía sentir sus miradas recorriendo su cuerpo, como si la examinaran y la desnudaran con solo mirarla. Era una sensación electrizante, pero también desconcertante. Estos seres, que no parecían necesitar alimento, llevaban un estilo de vida que desafiaba toda lógica. En lugar de comer, se deleitaban con cristales brillantes que hacían tintinear en sus manos, y cada vez que se los llevaban a la boca, un destello de placer iluminaba sus ojos.
Stella, atrapada entre el miedo y la fascinación, se preguntaba qué secretos ocultaban esos hombres. ¿Por qué no comían? ¿De dónde venían? Cada día, la curiosidad la empujaba a explorar la mansión, un laberinto de pasillos y habitaciones decoradas con lujo y extravagancia, donde los ecos de risas suaves y susurros llenaban el aire. 1
A medida que pasaban los días, sus encuentros se volvían más intensos. Las conversaciones eran breves, pero cargadas de una tensión palpable. Las sonrisas que le lanzaban eran como un hechizo, y aunque sabía que debía tener cuidado, no podía evitar sentirse atraída por ellos. La lujuria que emanaban era contagiosa, y a pesar del peligro que intuía, Stella se sentía cada vez más cautivada. 1
Una noche, mientras la luna iluminaba la mansión con su luz plateada, Stella decidió aventurarse al jardín. Allí, rodeada de flores que parecían brillar con vida propia, se encontró con uno de ellos, un hombre de ojos hipnotizantes y sonrisa enigmática. Sin poder contenerse, se acercó, y en un instante, el mundo a su alrededor desapareció.
“¿Por qué no comes como nosotros?” le preguntó, su voz suave como el terciopelo. Rosen
“Nos alimentamos de otras cosas”, respondió él, acercándose peligrosamente. Blood
Stella sintió un escalofrío recorrer su espalda. “¿Qué otras cosas?” Blood
La respuesta quedó atrapada en sus labios, pero en sus ojos había un fuego que prometía revelaciones, secretos y, tal vez, una conexión más profunda de lo que jamás había imaginado.
A partir de ese momento, la línea entre el miedo y la lujuria se desdibujó, y Stella se vio envuelta en un juego peligroso en el que cada mirada y cada palabra podían llevarla a un abismo del que podría no regresar. En la mansión de los hombres bellísimos, el verdadero banquete apenas comenzaba.
Rosen Blood 1